
“El presente detenido e inmovilizado, rodeado de éxtasis pasado y de astillas mesiánicas futuras
Un faquir sobre una cama de vidrios y un vagabundo aparecen de repente en letreros publicitarios en la esquina de Bolívar y Venustiano Carranza en el centro histórico de la Ciudad de México. Los letreros y las imágenes que en él se presentan generan tensión en el espectador, aparecen figuras inestables, personajes que suspenden, anulan y neutralizan las categorías de valor que acostumbramos a utilizar ante las propuestas del mass media. La obra de Lorena Malo rompe el ritmo de la repetición, de la uniformización.
Las sociedades normalizadas establecen homologaciones entre las diversas categorías de valor: ética, estética y morfológica, así es como categorizamos los estímulos de cada día, muchos de ellos recibidos en el tránsito por el espacio público. Por lo tanto el espacio público que habitamos las sociedades contemporáneas aunque se presenta repleto de olores, colores, imágenes, sonidos, etc. En cada esquina, cada display publicitario, cada señalización, todo lo que nos rodea son mensajes normalizados.
Vivimos en el momento de la saturación de mensaje normalizado. Esta saturación, este exceso de historias, exceso de lo ya dicho, exceso de regularidad produce en el receptor disgregación, la saturación destruye la idea de armonía y secuencialidad.[2] La obra de Lorena Malo reflexiona sobre esta repetición y cómo el receptor ya no presta atención a los mensajes. Su obra se opone al orden “normal” de las cosas, es una repetición contrariante. Sus letreros reclaman diferentes intensidades a fin de componer otras configuraciones existenciales. En ellos enuncia cuerpos disidentes, cuerpos ajenos a los que se presentarían en displays publicitarios, por tanto los letreros quedan automáticamente despojados de sus funciones de significación y de denotación.
En la obra letreros Lorena Malo reinventa la relación del sujeto con el cuerpo, ya que presenta a cuerpos que no son el modelo de lo ideal, son el fantasma, los que nos enfrentan a la finitud del tiempo a los “misterios” de la vida y de la muerte.[3] En la serie de letreros, Lorena Malo busca antídotos a la uniformización del mass media, al conformismo de las modas, a las manipulaciones de la opinión por la publicidad.
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